7.12.07

Al norte del sur

Palmares formoseños desde el auto.

Mis abuelos, globo terráqueo, y Juan haciéndolos viajar por el mundo.

Ceci cebando tereré (mate frío), infusión típica del nordeste argentino y de otros países calurosos donde hidratarse es fundamental.

José, que es como de la familia, nos agazajó con un almuerzo exquisito.

Mi abuela guiando un tour por su huerto.


Los productos de la huerta se preparan para ir a la feria de la ciudad y ser vendidos a precios muy bajos, porque los pequeños productores campesinos siempre se quedan con la porción más pequeña de la torta en todas partes.

De regrso a Formosa el gigante se durmió...

Mi mamá, conduciéndonos con mucho entusiasmo por las rutas formoseñas.

Mapa de Argentina con detalle de la provincia de Formosa.

Un pedazo del mapa de la provincia de Formosa, la parte del noreste donde limita con Paraguay.

Como ya comenté en una publicación anterior, nos distanciamos de Resistencia por unos días, y estamos en Formosa que es la provincia argentina donde nací y vive casi toda mi familia, que no es tanta. En la ciudad de Formosa, que pueden ubicar en los mapitas que estoy subiendo, viven mis padres; docentes ambos.

Hoy fuimos a pasar el día a Palma Sola, que es un pueblito casi en la frontera con Paraguay, también señalado en el mapa que, contrariamente a lo que su nombre indica, como suele ocurrir con los topónimos latinoamericanos (según lo remarcó un cronista de viajes, no yo), los nombres como Palma Sola, Venado Tuerto, Río Verde, Pozo del Tigre, etc., -porque hay cientos-, llevan consigo ese extraño misterio de los bautismos que hace que la relación entre las cosas y sus nombres sea totalmente arbitraria, y a veces hasta contradictoria o fantástica. Ojo, que no digo que la relación sea absurda, justamente en esa contradicción entre el nombre y lo que uno ve, que en nada parecen corresponderse, siempre hay encerrada una bella historia; allí el misterio, la belleza del artilugio de nombrar con palabras algo que a la vista es inabarcable en un par de palabras, como Palma Sola, que en realidad es un pequeño pueblo rodeado de miles y quizás millones de palmas. Aunque, ciertamente, la maravilla está en que una vez hubo una palma solitaria en un paraje, envuelta en una extraña y diáfana luz en ciertas noches, la conocida como La Luz Mala, que en guaraní, lengua autóctona, se llama -fonéticamente porque no sé cómo se escribe- Plata Güí-güí...

En Palma Sola mis padres fundarone el primer colegio secundario, y allí vivimos 13 años de nuestras vidas, que se correspondieron con mi infancia, mi escuela primaria, mis mejores recuerdos...

Sólo mis abuelos quedaron en el pueblo, tienen una quinta ecológica, y hoy fuimos a visitarlos. Mi abuelo es uno de esos gringos locos, un francés que se vino a los 23 años por estos lares perdidos, pero llenos de vida y amores tropicales; ahí verán a mi abuela, doña Eva y a don Bernard.

Juan ya había conocido a mi abuela, que también es un personaje salido de leyendas, pero no a mi abuelo ni el lugar donde viven perdido entre el verde, así que fuimos exclusivamente a llevarles al mochilero al que estaban esperando con un globo terráqueo para que les relatara sus viajes. Mi abuelo es un viejo sabio de 85 años perdido en los montes fromoseños, que recuerda griego y latín de la escuela primaria, y conoce casi todas las historias, topónimos y accidentes geográficos por los que anduvo Juan y más, así que los dos se tomaron examen del mundo mutuamente y creo que ambos quedaron satisfechos.

Además, mi abuelo es un hombre muy exigente con la escritura, la forma, la ortogfrafía, el estilo, la redacción, la coherencia, los temas, TODO; yo lo sé porque soy su nieta y he visto morir acribillados libros en sus manos. Al leer el libro de Juan quedó maravillado con su escritura, lo mismo había dicho mi papá, que es profesor de literatura y escritor, y mi mamá que nunca lee libros no pudo dormir una siesta enganchada con las crónicas de Juan, así que va de paso un poco de publicidad, que no es poca, porque a mí también me enamoró el factor escritura-de-Juan. Para que lo masquen y se queden con un poco de intriga por leer el libro Vagabundeando en el Eje del Mal.

De regreso, dimos una vuelta por Clorinda donde se pasa a Paraguay por una pasarela peatonal sobre el riacho Porteño, y del otro lado está la cueva de Alí Ba-Bá, como dijo una francesa, lugar que se conoce más frecuentemente como Puerto Elsa, centro en ebullición costante de contrabandos de todo tipo. Nosotros tuvimos la oportunidad de contrabandear dos hamacas paraguayas y algunos yogures de los menonitas paraguayos que me recordaban los sabores de mi infancia.

Fue una experiencia entretenida, además, logramos que Juan pisara por primera vez suelo paraguayo, lo que ya suma un país a su lista interminable.

Van las fotos que publicaré en un rato porque se cortó la luz y estamos en la casa a oscuras y llena de mosquitos... Historia aparte acerca de un barrio suburbano en Formosa....

2 comentarios:

marsalada dijo...

ya te tengo en mis favoritos.
como con juan seguire vuestros pasos impaciente cada dia por nuevas noticias.
pura vida chicos!!!

Ceci la Loca dijo...

Hola Marsalada!
gracias por el honor de de estar en tu lista de favoritos. No veo la hora de zarpar...
saluditos