7.1.08

Relatos orales de todo tipo en la casa de Vita, platos exquisitos y otras cosas más...

Bueno, el sábado fue un día de reencuentros.



Primero con Francisco del Hostel Las Rejas, primer amigo que tuve en Salta, nos conocimos cuando yo trabajaba en la terminal buscando pasajeros para un hostel, y él esperaba un colectivo a Bolivia... Cuando volvió de su viaje, un mes después, me buscó y me había traído un regalito de su viaje y ahí comenzaron nuestras aventuras en la naturaleza salteña: bicicleteadas, cerros, diques, entradas a lugares prohibidos, entre otras cosas... En esa época Francisco y su familia recién comenzaban a trabajar en turismo, hoy veo que les ha ido muy bien, el hostel está hermoso y siempre tiene mucha gente y Fran se dedica a guiar algunos tours. Después de varios años lo encuentro armado de dos piraguas (canoas) en el dique Campo Alegre, un ramillete de bicis para alquilar, y una camioneta 4x4 marca Tata, que según lo que hablaron con Juan, es una marca que no se ve muy seguido por acá, pero que es muy popular en la India (donde se fabrica) y otros países de Medio Oriente. Así que fue grato ver lo bien que le fue en estos años, y cómo no perdió ni una pisca de su espíritu aventurero.


Dejamos la mochila al medio día en lo de Fran, y nos fuimos por ahí a hacer tiempo porque a las 15 h quedamos en encontrar a María de los Ángeles en la plaza central para que nos guiara hasta su casa. Aproveché para ir con Juan hasta los puestitos de libros usados que solía frecuentar cuando vivía en Salta que quedan en el Parque San Martín cerca de la base del teleférico, para comprarme un libro de autor sudamericano, barato, para leerlo en el viaje y poderlo intercambiar o dejarlo en el banco de alguna plaza de algún país cuando lo termine de leer, porque si hay algo que mezquino son los libros de mi biblioteca que me dolería mucho tener que abandonarlos por ahí. En cambio, este que encontré, que no fue fácil porque todos los vendedores de libros, excepto una, se tomaron vacaciones, ya tiene el destino marcado. Quería leer una novela ambientada en alguno de los países por los que pasaremos, pero sólo conseguí el libro de una autora Chilena: Serrano, cuyo relato transcurre en el sur de Chile, y nosotros sólo pasaremos por el norte grande chileno, que debe ser un mundo totalmente diferente al sur de ese país. Pero bueno, las circunstancias me lo trajeron hasta las manos, y no lo voy a rechazar... Sólo que cada vez me doy más cuenta que me va a ser difícil encontrar un momento para leerlo, aunque pensaba en las rutas desiertas, en esos momentos en que la espera de algún vehículo salvador se hace larga...


Bueno, volviendo al sábado, buscamos las mochilas con la nueva adquisición literaria bajo el brazo en lo de Fran, y de paso él nos prestó unas guías Lonely Planet de Chile, Bolivia y Perú para fotocopiar las partes que nos interesan, y arreglamos una salida para el día siguiente.


A las 15 h nos encontramos con María en la plaza y como ella tampoco había almorzado su mamá, Vitalina, nos preparó unas asombrosas milanesas de pollo. Como el día anterior casi no habíamos comido, en varias ocasiones nos vimos fantaseando con sanguches de milanesa, así que suponemos que Vita recibió nuestros mensajes telepáticos.


La sobre mesa con Vita fue larguísima porque nos hechizó con sus historias interesantes sobre una ciudad de Formosa que nunca conocí, con calles de tierra en el centro, barcos llamados "paquetes" para ir a Paraguay, otros barcos más grandes como el "Ciudad de Asunción" que unía la capital paraguaya con Buenos Aires tocando todos los puertos, viajes en sulkies por Paraguay, exiliados paraguayos en Formosa, gente adinerada venida a menos por las cosas de la vida, guerras, muertes, amores, transacciones, enfermedades, alegrías, costumbres, puuufff, el caudal de anécdotas por hora que tiene esta señora ¡es impresionante! Si hubiera tenido una grabadora de periodista...


Más tarde María, que trabaja en un diario local muy importante como correctora, se encargó de mandar la gacetilla de la presentación del libro de Juan para que saliera hoy, lunes; todavía no miramos ningún diario... Con Juan nos fuimos al centro a caminar un poco por la Balcarce donde creo que vi a mi amigo el Mulato caminando por ahí, pero su aparición fue tan sorpresiva y distante que me quedé dudando si era o no, porque caminaba y fumaba de una manera que se me hacía extraña... (¿Eras vos, Emiliano?)


Después dimos una vuelta por el primer hostal donde trabajé en Salta, que se llamaba El Estar en Salta y que ahora tiene otro nombre y creo que otros dueños, para poder espiar cómo estaba todo adentro según mis recuerdos. Hace 5 años me despedí de Juan en Parque Rivadavia de Bs. As., él se fue a preparar su viaje por el mundo, y yo me fui a trabajar a Salta en ese lugar; en algún momento a él se le ocurrió preguntarle a mi jefe si no habría trabajo para él también, pero el hostel recién abría y no, no se podía, además yo, sabiendo que se iba sí o sí y sin mí, no podía aceptar la dea de tenerlo cerca por miedo a sufrir más, pero hay cosas que no se pueden evitar... Las cosas se fueron dando por caminos opuestos a partir de entonces. En El Estar dejé muchas lágrimas de dolor cuando me enteré que Juan se había puesto de novio con otra chica en Mar del Plata, y la vida se dio vuelta como un panqueque... Los chicos de El Estar me sacaban de la melancolía con algunas salidas a los bares de la Balcarce acompañando a los turistas que recibíamos; ese lugar, sus hamacas paraguayas, su gente... cuántos recuerdos tristes y algunas alegrías, como la presencia de Alejandro y la visita de mi mamá que se puso a preparar mermeladas y chipas guazú (tarta de choclo típica de Formosa y alrededores) para todo el hostel en esa enorme cocina comunitaria... Entramos juntos esta vez, cinco años después, a preguntar los precios, como excusa, y debo decir que todo sigue intacto, excepto el perro gran danés Huck, que ya no está; tampoco quedaron las caras conocidas... Ni Alejandro Lewis, que me había conseguido el trabajo y que me cuidó tanto... Alejandro era un guía de alta montaña, rubio de pelo largo y de nariz aguileña, de acento salteño muy marcado, de andar tranquilo, de largos silencios y de conversaciones interesantes; sabio, generoso, enamorado de su bicicleta y su mochila, con ilusiones más grandes que las de cualquiera, que un día escaló tan alto una montaña en Bolivia, que se dejó seducir por una nube y se dejó llevar... Ale sigue en las alturas, y eso, creo que le gustaba.


Hasta que por fin encontramos un lugar para tomarnos una cerveza negra marca "Salta" de precio razonable con la que veníamos soñando desde antes de empezar el viaje, y nos la sirvieron tan helada que fue una delicia, en la espuma había escarchas; la recominedo.


Con el cambio de horario de en Argentina y sin reloj, es difícil orientarse en el tiempo, el sol brillaba a las 21.30h y eso me resultaba extraño, así que volvimos un poco tarde a la casa de Vita, quien nos estaba preparando ¡un pastel de papas gigante! Creo que si me quedo unos días más en lo de Vita voy a aumentar unos kilos porque todo lo que hace es riquísimo y le encanta que comamos grandes porciones ;) Dormimos como troncos después de algunas historias más sobre chinos, bolivianos y salteños... Vita es como un libro que habla, camina y que le encant cocinar, estamos como en un hotel 5 estrellas, a las que le sumaría dos estrellas más, una para Vita y otra para María.


Vita, sus perros y tortugas...



3 comentarios:

Pancho Rodríguez dijo...

Hauff, la verdad que yo jámas recordaría mi paso por el sector de turismo que me pagó muy bien ,pero donde empecé a sentir una alergía hacia los turistas. Bueno, viste como soy, renegón... a ver si por ahí encontras a Nicky, el perro de medina, ¿te acordas?, el loco perro que olía las flores y caminaba en camara lenta

Carlos dijo...

Hola

Parece que empieza bien el viaje. Mira que los viajes tienen un principio y un final y a lo mejor al final...

... unos problemas se han ido y han venido otros nuevos. Has aprendido algunas cosas y otras las has desterrado de tu mente.

En todo caso, el cambio suele ser a mejor.

Un abrazo y bon voyage!

Chica Latinoamericana dijo...

Gracias Carlos por tu mensaje!!
estamos en Tocopilla, Chile, zona sísmica, durmiendo en el cuartel de bomberos... La ciudad está bastante destruida..
pronto más relatos, internet en Chile, y todo, es muy caro para nosotros, el dedo funciona muy bieny los camioneros son muy buena gente, nos cuentan muchas historias locales y de las vidas inquietas de los camioneros, la verdad, muy bien, hoy vimos el Pacífico!!! el desierto cansa...
pronto relatos con detalles desde Salta en adelante..
saludos amigos y familia!!
Ceci