4.2.08

A dedo de Otavalo a Quito...


Salimos a dedo de Otavalo rumbo a Quito, pero sin saber si llegaríamos ese mismo día hasta la capital, nuestra intención era por lo menos acercarnos pero lo logramos gracias a una camioneta que se detuvo. Era el vehículo de un ganadero de Ibarra que había hecho posgrados en Inglaterra y que en ese momento llevaba a su sobrino al aeropuerto de Quito donde el "pana" tomaría un avión a Frankfurt donde lo esperaba su novia alemana... "Chévere", ¿no?. Como el tío tenía sus fincas en Otavalo, y este lugar estaba lleno de alemanes haciendo voluntariados en las sierras, supusimos que este era un típico caso de la voluntaria alemana que se enamora del chico local... Esperemos que esta historia de amor les vaya bien. La nuestra continuaba en la caja de una camioneta con mucho frío, viento y sol, pero felices, con mi radio portatil trucha comprada en Jujuy sonando a todo volúmen. Ese trayecto me dio sensaciones placenteras, de alguna manera me di cuenta de todo lo que estaba ocurriendo, me hice consciente de algo que ya se hacía rutinario como parar camionetas, y me sentí feliz.

El trayecto a Quito fue hermoso, más montañas y lagunas. Aquí la laguna San Pablo, cerca de Otavalo, desde la camioneta...
La ruta fue hermosa, todos los paisajes me cautivaban... Será que acercarse al centro del mundo potencia sensaciones...

Nuestros amigos-choferes estaban tan contentos de llevarnos que paraban en cada punto turístico del camino para tomar fotos y hacer degustaciones de yogures y bizcochos típicos de la región. Aquí paramos en el centro del mundo oficial, con monumento y todo, aunque la mayoría de los ecuatorianos diga que es un centro falso, porque hay como 3 puntos referenciales distintos, uno de los cuales era prehispánico, al que no pudimos ir. Pero como todo vector que corta a otro vector tienen un punto en comun, seguramente ue sin saberlo cruzamos virtualmente por los tres centros del mundo que se conocen, y paramos en este punto referencial a tomar las fotos simbólicas...

Abajo hay un reloj solar en el llamado centro del mundo, que es esa construcción de piedras. Cuando subimos por la costa de Ecuador también pasamos el centro del mundo en una camioneta a la que le habíamos hecho dedo, pero vimos el cartelito precario que había tan rápido que no pudimos sacar fotos y sólo tuve tiempo de sentir una adrenalina que no sé si tenía que ver con pasar de un hemisferio a otro, o con el hecho de estar pasando a toda velocidad por un punto donde era preciso parar por pedido de mi madre... Esta vez, en las sierras, no sentí nada en particular, sólo una felicidad que ya venía desde unos km antes y ganas de comer yogurt de la zona...

Las montañas del camino comienzan a despejarse y se puede ver un nevado en la foto de abajo...
En otro parador nuestros amigos (tío y sobrino) pararon para mostrarnos el paisaje, abajo, con la luz en contra se ve un pueblito en un cráter de un volcán, el único en el mundo según dicen... Creo que su nombre era Pululahua, algo parecido...
Atardecer en el camino, al fono la iglesia de un pueblito...
Finalmente, ya congelados con el frío que trae a noche sobre la caja de una camioneta, entramos a Quito, una ciudad colgada de unos cerros, en una hamaca, como dijo nuestro chofer... Luego nos dejarían en la zona más turística de la ciudad, con bares y hostales para gingos, y comenzaía nuestra odisea para encontrar un lugar donde dormir. Los contactos que teníamos no funcionaron, así que terminamos tomando el trolebus hasta la zona de la terminal onde siempre hay hoteles baratos en toda ciudad. El trole estaba tan lleno que un borracho nos agredió por tener las mochilas enormes y surgió una discusión entre la gente del trole, Juan y el borracho, todos contra el agresor, y Juan que le daba mochilazos al pobre tipo que no se podía ni agarrar porque intentando asirse me tocó la cara sin querer y Juan había creído que el tipo me pegó... Por suerte no pasó nada porque ya a esa hora, cansada, con frío, apretada en el trole, con dolor de espalda por caminar con la mochila sobre los músculos congelados, quería llegar a una cama y dejar chorrear mis átomos en un dulce sueño hasta el día siguiente... Llegar a Quito fue una odisea.

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