31.7.08

Hacia Ecuador II

A Ecuador en un taxi amarillo como cholulos

Estábamos en Aguas Verde, el lado peruano de la frontera con Ecuador. Desde la aduana nos tomamos un moto-taxi hasta el punto que cruza el río... ¿cómo se llamaba el río?
Todos estos datos, nombre del río, nombre de la primera ciudad ecuatoriana, tengo que fijarme en internet, y les puedo asegurar que no se los encuentra en el primer enlace que arroja el buscador, así que les ahorraré el trabajo. Se me complica recordarlos porque tengo una cabeza de chorlito para los nombres y porque teníamos un solo mapa de rutas para cada lugar, y yo le cedí mis derechos sobre ellos a Juan porque a él le encanta conservarlos y como se le notaba tanto en la cara que quería guardarlos más que yo, se los dejé con gusto, aunque me costó un poco desprenderme pero al final fue gratificante, así que sepan disculpar la colgadez de datos...

Bueno, la ciudad ecuatoriana se llama Huaquillas, es difícil de recordar porque en realidad no son dos ciudades, sino que se trata de una sola zona "franca" de comercio y contrabando; y el río es el Zarumilla, al que más bien recuerdo como un canal pequeño de aguas contaminadas, una cloaca internacional, y hay que decirlo bien fuerte para ver si el eco produce algún cambio alguna vez, que un hilito de agua dulce entre tanto desierto merece más respeto, ¿no?.
Hay que decir también que la primera vez que cruzamos esta frontera tuvimos un ataque de paranoia. Todo el mundo nos había dicho que era un sitio muy peligroso, que nos iban a robar todo, que no perdiéramos un segundo en este punto, que nos alejáramos rápidamente, etc... En todas partes nos decían lo mismo, que todo el tiempo estábamos arriesgándonos demasiado, pero el riesgo valió la pena y vivir es un riesgo constante y he allí el quid de la question, ¿o no? Pero la verdad es que en este caso nos habían asustado enserio y como todavía queríamos seguir viajando más de un mes y recién entraríamos al tan esperado Ecuador, no queríamos arriesgarnos a no tener una entrada triunfal, así fuera en una cápsula de metal flotante...
Así que, apenas cruzamos el puente, nos tomamos un taxi amarillo siguiendo las indicaciones de un uniformado ecuatoriano, era el auto más moderno y nuevo que veíamos desde hacía muchos días, y pagamos los 3 dólares que nos pedía, aunque para nuestro presupuesto fuera todo un lujo. Así entramos a Ecuador, en una burbuja amarilla, paranoicos y muy alertas con los ojos bien abiertos; o sea, con cara de locos. Nos bajamos en la aduana ecuatoriana, que ya queda a la salida de Huaquillas, sobre la ruta de la provincia de El Oro, por lo que después de sellar pasaportes ahí mismo nos pondríamos a hacer dedo hacia Guayaquil.
Pero antes, en la cola de las ventanillas de la aduana, nos rencontraríamos con la parejita chilena. Los dos estaban muy preocupados y enojados, nos preguntaron cómo fue nuestro paso por la frontera porque a ellos no les había ido bien. No quisieron explicarnos qué fue exactamente lo que les pasó, tal vez ni ellos lo entendían, pero las expresiones de sus rostros asustaban. Parece que en la aduana peruana, donde nosotros subimos a un moto-taxi con el que Juan ya venía haciendo negocios de cambista para vender soles y comprar dólares, ellos prefirieron subir a un auto peruano muy viejo que les dio mayor seguridad que un triciclo que para nosotros ya era un clásico en nuestro viaje. La verdad es que estas motos, cuyas siluetas ya son un parangón de países como China, Japón, etc., (pero ojo, aunque el comercio marítimo con Asia es muy fluido ¡en Perú tienen su propia fábrica!) son pequeñas estas motos para dos personas con dos mochilotas como las nuestras, así que siempre había que dejar las mochilas en el porta equipajes atadas con sogas y encima las sosteníamos con las manos por las dudas, porque perdíamos las mochilas y perdíamos nuestras casitas de caracoles (siguiendo con la metáfora del caracol que usa Juan como logo de sus libros). Al final fue más seguro tomarnos un poco elegante triciclo, porque el taxista del auto peruano los hizo dar unas vueltas raras a los chilenos a quienes cobró un dineral (o les robó, no me quedó claro) y los dejó en un lugar extraño y medio abandonado... No sé qué pasó, pero mientras nos íbamos a poner en un lugar estratégico de la banquina para hacer dedo, ellos buscaban desesperados un bus seguro que los llevara lo más cerca posible de su destino: Montañita.
Nosotros, una vez más, nos quedamos en la banquina...
Y después de un rato se detuvo nuestro primer amigo ecuatoriano, un tipo muy simpático, Juan se llamaba, él nos llevó en su camioncito y con él nos sentimos felices y aliviados de haber entrado a Ecuador. Si quieren leer más sobre este primer tramo por las rutas ecuatorianas ya hay un relato en este enlace.

Sólo me queda recordar y repetir que entrar a Ecuador fue una explosión inmediata, increíble, casi irreal de vegetación verde y tropical. Yo estaba alucinando de felicidad.

Luego nos enteraríamos por las conversaciones que tuvimos con otros conductores ecuatorianos que a lo largo de la frontera entre Perú y Ecuador hay una reserva natural (donde muchas veces se esconden guerrilleros en la selva, y donde hubieron conflictos limítrofes hace no tantos años) y que si no existiera esa muralla vegetal el desierto peruano ingresaría de manera arrasadora sobre Ecuador. Un ingeniero ecuatoriano dixit.

Para finalizar las memorias sobre esta frontera, podría contrastar estas experiencias con las del regreso, como un mes más tarde. Ya volvíamos muy cancheros de viajar a dedo por Ecuador y de conocer gente, así que todos los miedos de la entrada nos resultaban cómicos. Salimos por el mismo lugar (de Huaquillas a Aguas Verdes) y lo hicimos tranquilos, caminando, tomando fotos entre los puestos, comprando, mirando, hasta almorzamos en la frontera, fuimos a un ciber, nos reíamos al ver taxies amarillos, veíamos que no éramos lo únicos mochileros pasando la frontera a pie con mochilas y cámaras, y confirmamos que el mundo puede cambiar completamente según con qué ojos se lo mire, y según el azar y la suerte, claro... Decidimos almorzar del lado ecuatoriano porque preferíamos su gastronomía frente a la peruana, ya volverían los días de pollo y arroz con sabor a comino en las rutas de Perú...
Mi cámara no funcionaba bien ese día, así que sólo Juan tiene fotos de este lugar (Huaquillas), yo le pedí que tomara para mí las fotos de un vendedor de miel de abejas con panal y todo entre tantos artículos de contrabando "made-in-taiguán", el contraste me pareció hermoso, además me recordaba sabores de mi infancia cuando mis padres eran apicultores gracias a una ONG alemana que promovía esta actividad en Formosa... Yo era una niña campestre caminando entre el zumbido de los enjambres, me mentalizaba con una frase: si no las temo no me van a picar, ellas huelen si tengo miedo... me lo había dicho mi madre, y así pasaba mis primeros desafíos caminando entre nubes negras de insectos cuando nadie se daba cuenta... Sin embargo, el nuevo desafío en este punto del viaje, era llegar a tiempo para las clases en la universidad de Resistencia. Faltaban miles de kilómetros y justo volvíamos a entrar a Perú que es un país enorme y tan lento para viajar a dedo, aunque no imposible...

1 comentario:

inpulsar dijo...

hola soy ecuatoriano vivo en cuenca te voy a enviar fotos de mi hermoso ecuador te gustaria que te las envie además me alegra que te haya gustado mi pais