4.2.09

Del desierto Perú al verde Ecuador


DIARIO DE VIAJE DE UNA CHICA LATINOAMERICANA

-Por Cecilia Hauff-

Entre enero y febrero de 2008, hice un fugaz viaje haciendo autostop (a dedo) por países de Sudamérica con Juan Villarino, trotamundos. Durante el periplo fui publicando algunos relatos y fotos del viaje en mi sitio Chica Latinoamericana. Esta es una de mis crónicas.


-Desde Guayaquil, 25 de enero de 2008-

Ecuador tenía el verde que estábamos extrañando...

Ni bien se cruza la frontera (caótica, llena de mercaditos y mercaderes que obligan un poco a cruzar corriendo) los tonos de verde nos golpean con todo su esplendor. El fin del desierto delata el límite natural de una nación y aparece otra. Increíble coincidencia.

Hoy, nuestro primer día en Ecuador, ha sido sólo una sucesión de paisajes desde las ventillas de dos vehículos, primero un camioncito que nos dejó en una gasolinera y ahí subimos después a una camioneta que hacía cola para cargar combustible, porque el precio es tan bajo en relación al de Perú que hay mucho contrabando.

Esta camioneta era tan veloz que daba un poco de miedito. Casi no pisamos la tierra todavía en este país, porque volamos desde la Provincia del Oro hacia la de Guayas. El conductor, un amable ingeniero dedicado a la producción de bananas (como todo el mundo por aquí), nos cuenta un poco desde su punto de vista cómo es esta tierra, y nos adelanta información sobre el esplendor de Guayaquil, gran puerto donde se monopolizan todas las exportaciones, por lo que me imagino que algo de Buenos Aires debe tener por esa coincidencia. Su gentileza con nosotros supera límites, y nos presta su teléfono portátil para llamar a Guayaquil donde tenemos un contacto, ya que llegaremos de noche.

La ruta a Guayaquil desde la frontera está en bastante mal estado y es muy transitada, eso hace que una distancia de 120 km (más o menos) se pueda recorrer en 3 horas, y ojo que es recta, no hay curvas que retrasen. Lo que parece que corroe el asfalto es la humedad tropical del ambiente.

Es la ruta de las bananas, es la Provincia del Oro. Me quedan en la retina los árboles de ambay, las casas zancudas, las tierras húmedas, las sandías al borde de la ruta, los pueblos donde cultivan camarones, los olores a fábrica de harina de pescado que nos dicen que estamos cerca del océano, pero no lo vemos.

Me llaman la atención las casas con ventanas decoradas con formas geométricas que no sé por qué me recuerda a los diseños arabescos. Hay un poco más de creatividad en las construcciones, incluso más que en lugares de la misma clase socioeconómica en Argentina, no me refiero sólo a Perú, porque son pueblitos más bien pobres, y me imagino que los que las habitan son quienes trabajan en los bananales. Me pregunto si los químicos que utilizan en la producción no producirán efectos secundarios en las personas, pues los bananos en hileras geométricas interminables se entrometen hasta en los patios de las casas. El oro está verde, pero lo abarca todo.

A diferencia de Perú las rutas están llenas de vehículos particulares, autos, camionetas, etc... En Perú sólo se ven camiones, colectivos, taxis y motos-triciclos con techitos al estilo chino; o sea, medios de transportes con fines comerciales, muy poco tienen su propio auto sin sacarle provecho.

Lo más extraño fue descubrir que aquí es invierno y que en invierno hace calor y en verano frío... Estoy desconcertada, todavía no encuentro la lógica de este caos de calendarios... Todo es pura convención: las formas de nombrar a los objetos de la naturaleza nos resultan tan naturales que encontrarse ante eventos de este tipo nos recuerda que la realidad es un artificio, un punto de vista, una contingencia.

En este momento estamos en la casa de una chica de Hospitalityclub, María Fernanda, que nos atendió muy bien junto a su familia. Todavía no tuvimos mucho tiempo de conocernos porque llegamos tarde y ellos estaban en una fiesta de mucho glamour -por la manera elegante que vestían cuando nos encontramos- de la que salieron un momento para ir a buscarnos frente a una universidad llena de estudiantes que salían de los claustros. El glamour de estos mochileros cansados no era muy apropiado para acompañarlos, además ellos tenían que volver enseguida a su fiesta porque una de las hermanas debía presentarse, si no entendí mal era una especie de graduación o fiesta de fin de año. Así que, con toda confianza, como suele suceder con la gente de Hospitalityclub y Couchsurfing, nos dejaron la casa para nosotros y la posibilidad de escribirles esto desde su máquina conectada a Internet.

Esto es tan verde como siempre imaginé al paraíso, y estamos alojados en un hotel de mil estrellas que se miden por la calidez de nuestros anfitriones. Presiento que este país va a ser uno de mis preferidos.
Es tarde, mañana será otro día, el segundo en Ecuador, y tengo muchas expectativas.


Recomendados: El blog de Juan: Acróbata del Camino. Alojamiento gratuito en Hospitality Club y en Couch Surfing.

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