14.3.09

Los argentinos I

UN VIAJE HACIA NOSOTROS MISMOS



-Por Cecilia Hauff-

Aline Betschart y Philippe Acar, escritores de la página de crónicas de viajes alternativos Baron & Baron, nos dan su punto de vista bastante crítico sobre los argentinos. Me entretiene descubrir estas miradas que quiero compartirlas con ustedes, se aprende mucho sobre nosotros mismos y sobre cómo nos ven los otros, y permite reflexionar acerca de cómo vemos nosotros a los demás. Según la guía que tienen entre sus manos, “un argentino es un italiano que habla español y que se comporta como un francés”. Como franceses que son, Aline y Philippe no pueden hacer otro comentario más que el siguiente: no llegamos a entender el final de la frase. Y claro, si siempre escucho a franceses de la generación de mis padres y hacia atrás, decir que los latinoamericanos vivimos como “des sauvages” (salvajes), o por qué creen que Sarmiento volvió de ese país y escribió desesperadamente ‘Civilización y barbarie’.

Argentina, "país de salvajes"

Las nuevas generaciones de franceses con los que tuve contacto por acá, no hacen este tipo de comentarios tan abiertamente, y muchas veces disfrutan mimetizándose un poco con nuestro salvajismo. Pero a esta pareja no le ha gustado que nos comparen a los argentinos con los franceses, ¿ofendidos, tal vez? Tal vez. Igual, lo que quiero destacar en este caso es cómo se alimenta lingüísticamente un nacionalismo que niega ‘al otro’, casi sin fundamentos, todo parece que se queda en palabras heredadas y repetidas hasta el hartazgo, en clichés, en frases que son como bolsas generalizadoras que por adentro están más vacías que llenas.

El mate, elixir que nos mantiene unidos a "los salvajes", a pesar de las crisis.
Nos es una queja, sólo me gustaría provocar una autorreflexión, que pensemos un poco en las expresiones que usamos los argentinos frente a los paraguayos, los chilenos, los bolivianos, los brasileros, etc., y luego pensemos, si tuvimos la oportunidad de conocer a alguna persona de estas nacionalidades, qué tipo de experiencia hemos tenido en realidad. No sé si yo he sido una privilegiada, pero viajando conocí paraguayos y chilenos que vaciaron esas bolsas que adquirimos como combos culturales e ideológicos. En todo caso somos todos humanos, y en el listado, siempre nos entenderemos mejor con unos que con otros. Sin embargo, hay rasgos comunes entre los argentinos, como los hay entre los franceses; caracteres innegables, remarcables, apetecibles, rechazables, comerciables, y todo lo que quieran decir al respecto. La diferencia está en cómo reacciona cada uno ante estos rasgos identificadores de una identidad fugitiva. A ver cómo nos perciben Aline y Philippe, en qué bolsa nos meten.

Fiestas paganas en el país de "los salvajes".

A los cinco minutos de una conversación, dicen, un argentino siempre se las arregla para explicar de qué país europeo vienen sus ancestros. A pesar de eso, los argentinos son accesibles y acogedores, expresan con ironía. Es verdad, esto es típico nuestro, me incluyo, pero es parte de nuestra historia. En el mejor de los casos, es una manera de aceptar la multiculturalidad de nuestra tierra; en el peor de los casos, se usan esos argumentos para desligarse uno mismo de ascendencias menos prestigiosas. Yo tengo sangre de muy diversos orígenes, y ninguno de esos orígenes es más prestigioso que otro, el prestigio está en ser portadora de esa mezcla, y el orgullo personal, en ser latinoamericana, de algún bando tenía que hacerme, me quedo con lo próximo.

Rituales sadomasoquistas de iniciación a la adultez en este país de salvajes.

Además, una de las cosas que más me llamaron la atención cuando conocí Francia durante mi infancia, y que me marcó muchísimo, ya que siempre fue un tema que formó parte de mis reflexiones, fue la xenofobia francesa en las conversaciones cotidianas, marcadas en el lenguaje. Por un lado estaban los árabes, por otro los gitanos, los africanos, los belgas, los portugueses, los rumanos, y así; tal vez por respeto, los latinoamericanos sólo éramos llamados ‘les sauvages’. No importaba tanto la nacionalidad en esos casos, eran bolsas más grandes. De la misma manera, como cuentan estos viajeros que los argentinos enseguida sacamos las historias de nuestros abuelos de la manga, los franceses (y en eso puede que nos parezcamos) buscaban en árboles genealógicos tamaño sábana su contacto con alguna pizca de sangre de la realeza, o de alguna persona célebre de la historia de la nación, que los hiciera un poco más interesantes; lo que me da a pensar que sí, las revoluciones son sólo sacudones momentáneos, las bases quedan profundamente enraizadas. Como acá no tuvimos reyes, seguimos viviendo en tribus salvajes encabezadas por salvajes.

Cualquier escusa es buena para bailar en la vereda en las ciudades de "los salvajes"

Y llegan esas costumbres con nuestros abuelos hasta nosotros, y encima no toleran nuestras historias, já. Pero no me quejo, son cosas que me han llamado mucho la atención; por ejemplo, en el Arco de Triunfo en París, en su interior, hay una lista de nombres de generales y no sé qué más relacionados con Napoleón (no me gustan las historias de guerras, de ahí mi ignorancia), arriba de todo, casi sin poder distinguir la frase, estaba el nombre de un soldado que mi acompañante me señalaba para contarme que había sido un ancestro suyo. Interesante, sí, es cierto, me impresionó. Pero me hizo reír cuando alguien más me mostró su árbol genealógico larguísimo en el tiempo, para vincularse con una prostituta amante de no sé qué rey de aquellos superfamosos; parece gracioso, ¡pero ay si me reía en ese momento!, él lo estaba diciendo con mucho orgullo. Tal vez no lo comprendí por ciertas distancias culturales. Acá todo es tan nuevo, tan reciente, que cada uno se hace camino al andar, no podemos buscar padrinazgos en la historia. Kay Pacha (aquí y ahora), sobreviviendo, como La Cigarra.

Cuando "los salvajes" salen a cazar para subsistir.

De este lado del mundo, recién en mi generación, veo que empieza a reforzarse el interés por los árboles genealógicos, más que nada por el tema de lograr las dobles ciudadanías. Pero muchas veces es muy difícil reconstruirlos porque hay muchas historias dolorosas que han querido olvidarse o borrarse de por medio. Es que parece que muchos llegaron a esta bendita tierra y quisieron despojarse de tanta dolorosa civilización y empezaron a barbarizarse un poco, ¡viva América! -tierra de salvajes y de renacimientos (de esperanzas y sufrimientos)-. Que viva, ya que sobrevivió a tanto.

A mi me atraen mucho las historias de inmigrantes de todo el mundo, por las causas que hacen al nomadismo eventual o permanente de grupos humanos, y luego, las dificultades y riquezas que producen los choques culturales. A mí sí me gusta reconocer la diversidad cultural de mi sangre, entre amerindia y ‘europindia’; qué bien harían ellos en reconocer su riqueza proveniente de los árabes y africanos y asiáticos y, con estos siglos, también de América. Es que cuando hacen el árbol genealógico, muchas veces eligen transitar la rama que se adapta mejor a sus valores socioculturales, lo que no les sirve, lo podan.

Bandos contrarios llegaron a estas landas, pero la mayoría olvidó las enemistades que tenían cruzando el charco, el mate habrá ayudado a hermanar a la gente, aunque acá su naturaleza separatista los enemistó con otros, con los nativos, y se dieron cuenta que eran más parecidos entre ellos de lo que creían, gracias a un choque cultural con pueblos más distantes; pero ese es un tema más complejo; quiero volver a Aline y Philippe, que dicen que este tema de conversación siempre emergente, es lo que nos hace snobs ante la mirada de los otros países latinos. Puede ser que tengan razón, pero falta comprensión.

Cuentan que muchas veces fueron invitados a compartir ‘mate’, la bebida ritual que se ve de norte a sur del país. También cenaron muchas veces en casas de argentinos, pero viajar en tren es imposible, dicen, y no se puede salir de un pequeño comercio sin haber discutido largamente con el comerciante sobre el fútbol, la política, la crisis... Los argentinos son charlatanes y muy curiosos, comentan, incluso al norte del país donde la población es más indígena y suele mantenerse más distante. Una advertencia a los solteros, dicen, las argentinas son en su mayoría muy bellas y muy chics, a pesar de una pequeña tendencia a la anorexia.

Y nuestros críticos de mirada cítrica continúan con sus comentarios, pero esta historia continuará en un próximo artículo, el deber llama. Hasta la próxima.

*Este artículo también fue publicado en Enviajes.com

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