15.3.09

Los argentinos II

-Por Cecilia Hauff-
Continuando con la crónica de Aline y Philippe por Argentina, veamos qué cuentan sobre los gauchos. Dicen que los “americanos” (seguramente que refiriéndose a los norteamericanos, porque por el sur también somos americanos), tienen sus ‘cow-boys’, y los argentinos tienen sus gauchos. “Montado sobre un fogoso pura sangre, el gaucho resume el sueño argentino: la conquista de los grandes espacios y la soledad sin fin de la pampa”. Para mí esto está desfasado. Creo que es más bien un estereotipo asociado a los fenómenos sociales de finales del siglo XIX y principios del siglo XX (inmigrantes, campañas al desierto, masacres sobre pueblos indígenas, colonización, civilización-barbarie, etc.); este simbolismo deviene, principalmente, de la literatura.


Día de la tradición en Resistencia, Chaco
Actualmente, me parece que la tendencia no es la de conquistar los grandes espacios en el desierto, al contrario, hay una persistente migración del campo a la ciudades que genera fenómenos más próximos a lo que vemos a diario en nuestro país, como la desocupación, las villas miseria, la creciente violencia, la sojización de los campos, los okupas y los desalojos forzados, la aparición de pueblos fantasmas, los cacerolazos, los piquetes, la eterna concentración de la propiedad de la tierra, etc. Me parece que la mayoría de los argentinos tienden a querer estar más cerquita de los demás argentinos, antes que salir a conquistar desiertos. Aunque, no hay que olvidarse de la proeza de docentes, policías, enfermeros, médicos, etc., muchos del norte del país, que constantemente migran a colonizar los desiertos patagónicos; algunos vuelven, pero otros resisten en lugares inhóspitos y desolados. Pero creo que ellos no constituyen ese ideal argentino montado sobre un fogoso pura sangre, ya que muchas veces andan en bicicleta o a dedo, y conforman una minoría de argentinos intrépidos y recios, capaces de vivir en sitios insólitos, como lo hicieron los nativos y los inmigrantes transplantados que, hay que decirlo, germinaron bastante bien.

Las mujeres de los gauchos son conocidas como las "Chinitas"
Los caballos argentinos, la mayoría de los que al menos yo veo a diario, arrastran tristemente carritos de cartoneros en las ciudades; a los bellos, los pura sangre, sólo los he visto en desfiles folclóricos, en carreras, en cabalgatas turísticas, y seguramente que los hay en grandes estancias. Pero es más fácil encontrarse con caballos flacos y tristes pastando en veredas y baldíos.

Del campo a la ciudad (Resistencia, Chaco). Foto tomada por Carlos Buj.
“Generalmente mestizo, el gaucho cuenta con una reputación de rebelde indomable: a menudo los gauchos se han sublevado contra el estado y han sido severamente castigados.” Este, creo, es el Martín Fierro de Hernández, no piensen que los llamados “del campo argentino” que se oponen a las medidas del gobierno en la actualidad, y que ganaron tanto espacio en los medios últimamente, son gauchos, no, esos son terratenientes, vienen en camionetas 4×4. No, en todo caso los gauchos son sus peones, pero esos no se sublevan muy seguido, no que yo sepa. Pero sí conozco a un gaucho formoseño rebelde y cruel, alcohólico, que cuando uno de sus perros no le obedece, lo enlaza, lo agarra del cuello, y le arranca los dientes con pinzas; cuando su equipo juega en la canchita del pueblo, se enfrenta a los hinchas del equipo contrario lanzando guachadas desde el caballo sobre las espaldas, porque es tan petizo y rengo el guacho, que sin su caballo no sería nada; se creen súper machos estos tipos y golpean a sus hijos y mujeres. Esos gauchos sí existen, pero son más guachos que otra cosa –que no es lo mismo-; los he visto, pero a mi no me gustan, no los tolero. Hay gauchos nobles, claro, pero esos, lamentablemente, no se hicieron mucha fama.
Sobre los objetos de culto de los argentinos, estos viajeros franceses dedican un título aparte. “Un argentino digno de ese nombre, no se separa jamás de su bolsa de mate: una alforja de cuero o de tela equipada de compartimentos a medida para recibir una calabaza, una ‘cuchara-pajita metálica’ -o sea, una bombilla, jé-, un pote de azúcar, un termo lleno de agua caliente y un paquete de yerba mate (y cada uno tiene su marca predilecta). El ritual está muy codificado: preparar el pote de mate durante una semana (hay que dejarlo que se impregne), agregando lo justo de agua, azúcar y yerba. Cada invitado debe beber algunos tragos del brebaje y pasarlo a su vecino (en el sentido de las agujas del reloj). Un resonante ‘gracias’ significa ‘no quiero más, gracias’.”

Mate con termo, compañero de todas las andanzas
Mate con pava, para una onda más folck
La bandera argentina (“3 bandas horizontales: celeste, blanco y celeste, al centro un sol dorado”), es otro objeto identificado como de culto por Aline y Philippe, “glorificada, santificada en exceso”, opinan. Esta “decora remeras, camperas y polars. El día de la bandera (fiesta nacional), las encontramos incluso en las fachadas y en los altares de las iglesias.”

Sobre las comidas comentan que la cocina argentina está claramente influida por la cocina italiana. “Amantes de los tortellini, los agnolotti, la pizza y el tiramisú, la Argentina está hecha para ustedes. Otra tradición transalpina, es la presencia de heladerías artesanales con sabores que harían palidecer de celos a M. Berthillon e il signore Giolitti”, –que son dos famosas marcas de helados artesanales en Francia-.

El orgullo de portar la bandera argentina
“Pero en lo que la Argentina es verdaderamente número 1 es en la carne. La preparación de la carne ha sido elevada al grado de arte: sobre la parrilla (grill) o en asado (en espadas alrededor de un fuego), los bifes son siempre jugosos, gruesos, con el exterior crujiente a gusto.” Si bien este comentario haría reaccionar a cualquier argentino, respetemos las interpretaciones de nuestros viajeros. “El secreto: acá las vacas comen simplemente hierba y caminan toda su vida en las inmensas pampas”. Quisiera decir algo al respecto de las vacas criadas en corrales, la que compramos en los supermercados, y su sabor a alimento balanceado, pero mejor conozcamos más los comentarios de los turistas. “Un sólo bemol, evite las parrilladas mixtas o completas, si usted no está muy conectado con los riñones, el corazón y otros menudos apetecibles.”
“Algunas especialidades locales: las empanadas (pasteles rellenos con carne, pollo o queso) que llenan el estómago por algunos centavos, el dulce de leche (mermelada de leche con gusto a caramelo) que encontramos en las pastelerías –yo agregaría: en todas partes-, los helados y los flanes. Ya se habrán dado cuenta, es el país donde mejor hemos comido”, expresan los visitantes. Luego relatan una mala experiencia que tuvieron: “queríamos almorzar en el mercado central de Salta. Hicimos como todo el mundo y pedimos un locro (sopa de maíz y carne, como nos explicó el mozo). Un plato humeante y bien cargado llegó a la mesa listo a satisfacer nuestro apetito. Descubrimos pequeñas cosas grasosas con formas indefinidas flotando en la sopa. ‘Son sólo pedazos de patas y orejas de cerdo’, nos dijo el mozo. La digestión fue difícil.”

Gran asado en familia

Gauchos formoseños

Vacas de las llanuras formoseñas
Para terminar, se sorprenden de nuestra manera de hablar, aunque la verdad es que es bien variada a lo largo y ancho del país. Pero bueno, dicen que pronunciamos con un acento a la italiana –aquí en el nordeste es un acento entre portugués de Brasil y guaraní, me parece- y piensan que parece imposible para nosotros pronunciar las “y” y las “ll”, y dan algunos ejemplos intraducibles porque están fonéticamente adaptados al francés, pero muy graciosos, porque los acompañamos, explican, con grandes movimientos a la napolitana -aunque sabemos que eso varía según la región, y no sé sobre movimientos a la napolitana, pero sí de milanesas a la napolitana-.
La verdad, me resulto muy interesante descubrir estos relatos de viajes de Aline Betschart y Philippe Acar.


*Este artículo también fue publicado en Enviajes.com

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