13.9.09

CARTAS DESDE EL MONTE 2

Lunes , 24 de agosto de 2009

Mi primer día sola en El Potrillo

-Por Cecilia Hauff-

Hace un rato se fueron mis padres. Trabajaron mucho para ayudar a instalarme lo mejor posible, dentro de las posibilidades, claro. Y la verdad es que este campamento en el monte es un lujo. Quedé como una princesita. Con lo mínimo para no desprenderme de mi vida anterior, de la Cecilia que era hasta hace unos días, pero preparada para ver lo nuevo que se viene y adaptada mínimamente a las nuevas condiciones de vida.

Creo que ellos disfrutaron mucho trayéndome a este sitio y trabajando duro para darme el mínimo de comodidades: luz, agua, baño con inodoro donde había una letrina, canillas porque sólo había una manguera, nuevas lamparitas y tomacorrientes, un basurero donde quemar los residuos, en fin, un espacio más higiénico y habitable según nuestras costumbres… Tengo en la mente sus caras cansadas y a la vez alegres. Es que el viaje fue largo, lo hicimos en dos tramos porque hasta Ingeniero Juárez llega el camino asfaltado, la Ruta 81, a partir de ahí son 90 km por camino de tierra. Hasta pinchamos una goma. ¿Se imaginan al pequeño W Gol de mis viejos cargado hasta el techo saltando en un enripiado de piedras enormes sacadas de los ríos salteños por la empresa YPF? Sí, gracias a que de estos montes se extrae petróleo existe este camino, si no hubiera una empresa que se ocupara de sus propias necesidades, tal vez no habría forma de llegar a El Potrillo. Y quién sabe cuántas cosas más. Pero debo admitir que gracias a este camino, a pesar de sus dificultades, pude llegar a este sitio para empezar esta nueva experiencia. Fue posible también gracias a que es la época de sequía, cuando empiece la temporada de lluvias veremos cómo se sale de aquí…

El sábado 22 de agosto, a las 8 de la mañana, llegamos a esta comunidad wichí formoseña, tal vez la más numerosa y la más organizada, aunque esa es sólo una suposición mía que tendré que constatar. Desde ese momento empezamos a trabajar sin parar para arreglar el lugar donde voy a vivir en los próximos meses.

Más allá de cualquier lujo o comodidad, tener una familia que me apoya en esta experiencia, en esta aventura, es el mayor capital que tengo. Así que este espacio precario y pequeño, que es sólo una piecita que hace a la vez de cocina, comedor, escritorio, lugar para “bañarme” con baldes como en la edad media, para lavar ropas y cubiertos, está lleno de sensaciones hermosas, y estímulos intangibles que se proyectan hacia un espacio exterior que a primera vista es inhóspito, triste, hasta decadente, pero que poco a poco va adquiriendo nuevos tintes de colores más cálidos a medida que voy conociendo a sus habitantes.

“Buena gente, extraño lugar”, fueron las palabras de mi papá la primera noche que pasó en El Potrillo. Sus palabras lo resumen todo...

Y mientras escribía esta frase una cabeza se asomó por la ventana con un “hola” amable. Es Don Celestino Fernández. Uno de los tantos caciques de este pueblo, él es quien me alquila la pieza. Vive en frente, cruzando una calle de mucho polvo y algunas espinas con toda su familia. Los Fernández ocupan varias viviendas construidas por el estado pero el espacio es comunitario. Acá no hay límites ni fronteras con respecto al espacio. Todo el mundo entra y sale por los patios y casas de los vecinos. No sé si existe la ida de “espacio privado o privacidad”, de a poco lo iré corroborando. Mientras tanto, los niños, los perros, las gallinas y las cabras van y vienen por mi casa, y la cabeza de un anciano wichí se mete en la pieza de una señorita criolla, sin pudor… Pero no me molesta, ya que Celestino dijo que vino a ver si me olvidé las ventanas abiertas. Él es el patriarca y prometió cuidarme, y supongo que lo está haciendo. Además, el hecho de que el cacique de este barrio me haya brindado protección es lo que más tranquilidad me dio hasta ahora. A cambio, yo debo cumplir con un pedido suyo, que fue lo primero que me dijo cuando bajé del auto. Celestino me abrazó fuerte a su lado tomándome por los hombros, como suele hacer mi abuelo Bernard cuando me pregunta qué materia estoy estudiando y qué notas me saqué en los últimos exámenes. Con ese gesto protector y a la vez autoritario, Celestino le dijo a mis padres todo lo que ellos necesitaban escuchar, que acá su hija iba a estar bien, que me iban a cuidar mucho, que este espacio está bajo su custodia y que es uno de los más tranquilos, que no se preocuparan. Lo decía lentamente y en voz baja, como hablan todos los wichí que conocí hasta ahora, y el momento fue tan duradero y solemne que a los tres visitantes se nos cayeron lágrimas de emoción. Pero la solemnidad duró sólo hasta que el hombre soltó otra frase que nos dejó atónitos, con esa sensación en la que no sabés si quedarte serio, muy serio o definitivamente reírte a carcajadas. A cambio de su hospitalidad el cacique me pedía que “no le saque marido a mujeres de pueblo”… fue breve, claro y directo, como una saeta. Pero no se preocupe Don, “yo no sacar maridos a mujeres de este pueblo”. Decir “no es mi estilo” hubiera estado demás, así que me quedé en silencio, pensando en la situación, y enseguida cambiamos de tema. Y trato hecho. Aunque no pude evitar pensar que es un detalle que parece esconder unas cuantas historias complicadas al mejor estilo de las novelas mejicanas o venezolanas que se ven a la siesta en la tele. Interesante, sí, muy interesante, pero tampoco pude evitar que cierto pudor me pusiera los cachetes colorados en ese momento. El cacique, de alguna manera, me ha dejado entrar en su clan familiar, ya que en las casas d enfrente y colindantes a la mía están sus hijos y nietos con sus respectivas parejas, sus niños, sus animales y sus instrumentos musicales que son protagonistas en este monte bullicioso.

Se hace difícil ponerse a escribir tantas anécdotas con tantas cosas por hacer. Tengo que seguir ordenando y ¡preparar mis primeras clases!!! Preparar un trabajo de investigación sobre un escritor turco (¡?) para mandarlo por correo electrónico a un profesor, leer el libro “La buena voluntad wichí” de Jonh Palmer que me mandaron desde La Plata -de paso va el agradecimiento-. Mañana doy mi primera clase, la primera en la vida y la primera en El Potrillo. Tengo que ponerme responsable con eso. Así que poco a poco iré poniéndome al día con las anécdotas. Tengo mucho trabajo, y muchos nervios…

Hasta pronto.


Mis padres preparándose para regresar a la civilización, y mi nuevo hogar -es la pequeña habitación de la derecha…-

2 comentarios:

pablitox dijo...

hola cecilia!! de nuevo yo comentando tu blog. leyendo un poco me di cuenta de que esta es una experiencia nueva y desafiante para vos, un lugar nuevo, lejos de la familia, en un lugar extraño y con gente que no conoces, pero a no preocuparse, la gente de El Potrillo es muy hospitalaria y dar clases en el colegio no te va a resultar muy dificil, los chicos son muy tranquilos, muy lejos de lo que es un colegio de ciudad donde uno tiene que ponerse en el papel de un domador de leones para dar clases jaja. uno llega a encariñarse mucho con el pueblo. parece el Macondo de Garcia Marquez, pareciera que es un lugar donde nunca pasara nada y sin embargo pasan cosas muy curiosas. para mi que pase practicamente toda mi vida en El Potrillo, resulta un lugar casi magico. vas a ver que en poco tiempo vas a tener un millon de anecdotas para contar. es cierto que cuesta un poco adadptarse a algunas cosas, en estos dias habia problemas con la luz, cosa habitual en El Potrillo. el el colegio hay muchas internas, no suelen ser gran cosa,pero bueno... no me parece correcto hablar de eso. espero que te estes acostumbrando y que estes disfrutando de tu estadia. saludos!! ahh... te dejo mi correo por si queres conversar o preguntar algo pablo_formo22@hotmail.com Pablo Recalde

Cecilia dijo...

Hola Pablo!!
nunca imaginé que alguien de Potrillo iba a leer mi blog, jaja, qué bueno!
ahora puedo responderte porque estoy en Formosa pasando el finde con mi flia. pero en el monte la conexión no siempre me permite estas cosas.
Le conté a tu familia que nos cruzamos en la web mientras me tomaba un par de teres en una noche clara, aunque la luz se hubiera cortado, espero que no te traiga consecuencias nocivas, jé. Tu gente es muy piola, sabés que Alicia es mi alumna en el instituto! y con la vianda de Rosario sigo siendo muy feliz... especialmente cuando hace marineras o tartas de verduras, mis preferidos ;)
te mando un abrazo y por ahí nos vemos en el monte un día!
Ceci