21.9.10

Observando Aves: chiripepés cabeza verde

-Por Cecilia Hauff

Desde hace un par de meses comencé a interesarme por aprender más sobre las aves;  así conocí a Ariel que trabaja con el apoyo de Aves Argentinas. Pero esta historia tiene un antecedente más lejano, como siempre, todo se remite a los orígenes: cuando era niña y vivíamos en un pueblito rural formoseño –Palma Sola-, mis padres habían iniciado un club de observadores de aves en el colegio secundario en el que trabajaban, fomentado por Bird Life. Así fue que recibieron una guía de aves de Argentina y Uruguay, por lo que veo muy popular entre los aficionados, y unos cuantos binoculares. 


Entonces no aprendí mucho, sólo acompañaba a realizar algunos censos. La verdad es que todavía me cuesta reconocerlas, diferenciarlas, nombrarlas, y verlas… porque debo confesarles que no tengo una buena vista a la distancia; además, mis tareas me impiden hacer salidas de avistajes más frecuentes. Hasta que por fin pude comprarme una cámara de fotos réflex  para empezar a registrar un poquito mejor mis aventuras esporádicas, pero para capturar aves todavía me falta una lente con mejor zoom, así que esta vez no prometo fotos muy buenas, aunque no puedo esperar más para empezar a mostrarles algunos hallazgos.


Chiripepé cabeza verde (Pyrrhura frontalis)


Todo comenzó una hermosa mañana de septiembre en la que con mi familia habíamos ido al campo a disfrutar de sus dones. Como andaba probando mi nueva cámara -comprada de contrabando en Asunción, después de años de soñar con ella- y mi hermano la suya, nos lanzamos a recorrer el montecito que tenemos frente al riacho Alazán, al sureste de la provincia de Formosa, en busca de tomas interesantes. Hay que agregar que, además de la cámara, había llevado los binoculares heredados del antiguo -e inconcluso- club de aves de mis padres, y la guía de aves. En un momento yo elegí un camino y mi hermano otro, como ocurre a menudo, aunque siempre terminemos más o menos en el mismo punto. 



Digamos que yo andaba a la pesca de aves por lo que estaba  más atenta a las alturas, cuando de repente, al ras del suelo, me llamó la atención algo así como una estrella fugaz verde cayendo dentro de un estanque seco. 

La estrella verdosa se perdió de mi vista en el hueco del estero. No tenía idea de qué podía ser, pero me fui acercando lentamente. Hasta que las manchas de color tomaron forma...


Iba acercándome lentamente al estanque para ver qué había en su interior, pues no lograba distinguirlo todavía, cuando de repente me di cuenta que, mucho más cerca de donde estaba enfocando, tenía un arbolito lleno de loros o cotorras, o algo así, y que lo que había visto al principio era uno de estos  plumíferos  preciosos que había descendido a alimentarse en el charquito. 


Me petrifiqué para no asustarlos, no estaban muy cerca, pero estaban bastante bajos y muy calladitos. Me miraban curiosos pero no se iban, que fue lo mejor de todo.

Estuve un rato fotografiándolos hasta que vinieron a compartir el hallazgo mi hermano y mi papá, y más tarde mi mamá, y con todo ese barullo los tipos no se asustaban, seguían en silencio observándonos. Incluso después, el vigía del grupo, se nos acercó más a controlarnos de cerca. Me pareció un acto muy valiente y arriesgado, pues vino solito hasta nosotros, que somos la especie más peligrosa de todas.


Ninguno de nosotros los reconocía, no eran cotorras ni loros habladores, que son los que vemos a menudo, y se los veía hermosos; ciertamente fue una visión inolvidable, un regalo de la naturaleza. Hasta que intenté acercarme más y más y los intimidé, se fueron volando en bandada, casi sin chistar. Pero nos dejaron algunas imágenes memorables.

Después los buscamos en la guía de Yzurieta y Narosky y no podíamos distinguir si eran chiripepés cabeza verde o chiripipés cabeza parda, porque la verdad es que las cabezas se nos hacían más bien verde-pardosas… Hasta que bueno, según la localización habitual de estas especies, pudimos decidirnos por los cabeza verde, ya que se encuentran en el NEA; los de cabeza parda andan más al oeste, en las yungas de Salta, Jujuy y Tucumán. Además, los de cabeza verde también se ven en Brasil, Paraguay y Uruguay, en selvas y bosques. Capaz que siempre estuvieron aquí, sólo que al ser tan calladitos no los distinguíamos de los gritones... Recién ahora somos capaces de verlos.


La guía también dice que estando posados son silenciosos, que fue lo que más nos llamó la atención, acostumbrados al lorerío gritón de nuestros montes. Si cantan emiten un agudo “chiripepé” grupal y complejo, dice la guía, no sé bien qué quiere decir eso, pero imagino que debe ser un coro con diferentes voces…

También leí en internet que nunca hay que alimentarlos con perejil, palta, chocolate, alcohol o azúcar porque morirían; no sé si es mito o realidad porque la fuente no era muy confiable, pero me pareció un dato curioso ya que mucha gente repite el dicho popular que dice que a los loros hay que darles caña, una agua ardiente local, para que aprendan a hablar. No sé si funciona, pero es un dato curioso. Además, el perejil es una hierba aromática muy poderosa entre los mitos populares, alguna vez me contaron que en esta zona las mujeres se introducen perejil en la vagina como un método abortivo. No sé qué tan gil será el perejil, pero que venga a matar un chiripepé tan hermoso es un afano, yo lo prefiero al pesto. O sea, lo que quiero decir con estos trabalenguas es que si a mí no me mata el perejil ¿por qué habría de matar a un chiripepé? Si alguien lo sabe, que cante... Me suena a mito, y lo mítico me apasiona, porque fíjensé que está también el chocolate, otro alimento poderoso entre las historias humanas, dicen que comer chocolate da corage, levanta el espíritu y genera la misma cantidad de endorfinas que cuando se hace el amor... Por qué mataría al chiripepé, tal vez por sobredosis de belleza. Sobre la palta no conozco historias, sólo sé que me encanta. En fin, lo cierto es que busqué mitos y leyendas sobre esta especie pero encontré nada, así que improvisé un poco con lo primero que encontré a mano.
Hasta pronto.


FICHA TÉCNICA
Nombres
El nombre “chiripepé” proviene de la palabra guaraní chiripepe, que procede de la onomatopeya del sonido de estos loros. El chiripepé cabeza verde también es conocido como chiripepé común, cotorra chiripepé y perico vientre rojo.

Características
El chiripepé cabeza verde es similar a la cotorra, pero bastante más pequeña. Mide 25-28 cm de longitud, y pesa 70-90 g. El plumaje es principalmente verde. Presenta una línea delgada roja en la frente, mejillas de color marrón claro, pecho y lados del cuelo con plumas verdes con bordes amarillos que da impresión de escamas, y una distintiva mancha de color rojo en el vientre. Las plumas remeras de las alas son azules externamente y verdes internamente; en cambio, las plumas de la cola son de color verde oliva con las puntas de color marrón rojizo. El pico es de color negro, con una cera blanca en su base, y presenta anillos oculares de plumas blancas. No hay dimorfismo sexual; sin embargo, la hembra es ligeramente más pequeña que el macho y presenta una mancha roja ventral más chica.
Para leer más sobre esta especie te recomiendo que vayas  Fauna de mi País, un blog bien completo sobre el tema, de donde extraje parte de la información de la Ficha Técnica.
Esta crónica fue publicada también en TAGUATÓ EXCURSIONES

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