1.11.12

Emios



Los Emios son seres extraordinarios aunque, generalmente, se ven como personas normales. A veces se nota a la legua que son Emios.

Una vez una Emia tuvo una idea. Había un Emio que pensó casi lo mismo a unas cuantas fronteras de distancia. Nadie sabe cómo sucedió que se cruzaron, aunque algunos aseguran que dos ideas similares, por más que estén distantes, se atraen. La cuestión es que se telecomunicaron por un sistema de ondas en el aire que suben hasta el cielo y luego bajan y trasmiten mensajes con polvos de estrellas. Por ese canal de estrellas se dijeron cosas. Y entre eso acordaron juntarse a charlar para ver qué podían hacer con esos pensamientos inquietantes.

El Emio y la Emia se encontraron en una ciudad gigante, donde las personas normales te dicen con la mirada: no me mires, no me toques, no me hables. Pero en esa ciudad también hay algunos otros que con la mirada se dicen: mirame, hablame, tocame. Son Emios, y como ya lo sabés, son pocos.

Hay un pequeño detalle, para eso hago esta digresión. El Emio tuvo que viajar cientos de kilómetros a dedo para ver a la Emia. La Emia lo esperó, pero como vivía en un internado donde los Emios no podían entrar, la Emia tuvo que recibirlo casi en la calle. Con solo mirarse supieron que tenían muchas cosas para decirse. Salieron a caminar por una vereda bulliciosa hasta encontrar una plaza. En la plaza el Emio sacó un mapa. La Emia se dio cuenta que no le iba a alcanzar el tiempo de ese día para decirle todo lo que pensaba al Emio. Entonces decidió seguir los dibujos de los mapas con él. De paso irían charlando sobre esos pensamientos.

Lo cierto es que recorrieron muchos garabatos juntos. Pero algo pasó. La cosa es que la Emia se quedó en un lugar y el Emio siguió. Lo que sí sabemos que pasó fue el tiempo. Y todo lo que él acarrea como un vendaval.

Ahora la Emia está teniendo otra idea genial. Y espera que un Emio esté pensando lo mismo, en alguna parte.

Hay una Emia que espera.

(Es una Emia prestada...)

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